¿Eres principiante? Bienvenido. Queremos que des tus primeros pasos hacia una vida saludable. El error, muchas veces cometido, consiste en querer volar antes de caminar. Ésta no es la excepción. Para activarte físicamente, mejorar tus hábitos, alimentarte adecuadamente y establecer una rutina duradera debes avanzar paso a paso.
Así que de lo que vayas leyendo, tanto en éste como en otros artículos, incorpora una cosa a la vez. Cumple un objetivo, empieza un plan de alimentación, sé constante con el ejercicio o aprende algo nuevo; pero no todo al mismo tiempo. No hay prisa; tampoco hay atajos. Eso sí, establece prioridades. No es tu trabajo ni tu pareja o tus hijos. Eres tú. En la medida en que procures tu bienestar rendirás mejor en el resto de tus tareas. Así que cambia el método, dedícate tiempo, cuida lo que comes, entrena y aléjate de aquello que robe tu tranquilidad.

Aquí te damos nueve secretos elementos para comenzar con éxito en el deporte (y no dejarlo nunca):
Disfrázate. No es broma. Vístete ad hoc para la ocasión. No importa si saldrás o harás ejercicio en casa, cámbiate, ponte unos shorts, una playera y unos tenis. Tal vez te resulte obvio, pero hacerlo pondrá tu mente sobre aviso a la actividad que vas a realizar.
Escucha tu música. Pon algo alegre, intenso y que te despierte. Incluso algo que bailarías, da igual. El asunto, otra vez, es comunicarle a tu cerebro que es momento de entrar en acción. Además, en el estudio Brain Stimulation publicado en 2017, se mencionó que la música contribuye a liberar endorfinas, las hormonas del placer.
¡Sigue un plan! Uno que te diga desde cuántas lagartijas hacer hasta cuándo debes descansar. Lleva una agenda de tu actividad física y respétala. Debes saber lo que harás hoy, mañana, pasado y el resto de la semana; de lo contrario es muy fácil que falles o hagas cosas que nada tengan que ver con tus objetivos.

¿Debes tomar suplementos? No tiene caso. No te compliques. Debes aprender primero que una alimentación adecuada es suficiente para cumplir con tus requerimientos nutricionales. Debes saber que las vitaminas, minerales, proteínas, grasas, carbohidratos y aminoácidos que requieres se encuentran en la comida; ahí la importancia de que tu dieta sea variada.
¡Quítate el no puedo! No lo digas. No lo uses. Aunque sea broma. Y si no lo es, aprenderás que todo ejercicio, por complejo que parezca, tiene su versión más sencilla. Por ejemplo: si las lagartijas tradicionales no te salen bien o no puedes hacerlas; puedes apoyar las rodillas para facilitarte las cosas. Si aún así te parece demasiado, puedes recargarte, estando de pie, sobre la pared y hacer las flexiones ahí. No hay pretextos.
Establece horarios. Así como programas tu alarma para despertar en la mañana, así deberías programar tus tiempos de entrenamiento y comida. Tu organismo se comportará mejor cuando siga un mismo patrón, cuando reciba los nutrientes a la misma hora, de lo contrario, cuando por algún motivo no desayunas, comes tarde o dejas de cenar, lo pones en un modo de “supervivencia” en el que generalmente acumula para tener reservas de energía en caso de otro olvido tuyo.
Aprende a decir no. Parece trillado, pero muchas veces por no utilizar un simple no, terminas comiendo una rebanada de pastel, una dona, unas papitas o tomándote varias cervezas que, por supuesto, no estaban en tu plan.
Mantente hidratado. La mayoría de las funciones corporales dependen de un correcto estado de hidratación. Así que como dicen los comerciales, consume -al menos- dos litros de agua al día. Más si el clima es caluroso y tu actividad física va de moderada a intensa.

Deja de preocuparte por el peso. El peso no importa; tu porcentaje de grasa, sí. Más allá de preocuparte por cuánto pesas, ocúpate de la cantidad de grasa que hay en tu cuerpo, esa sí afecta tu salud e incide directamente en tu aspecto y rendimiento. El peso en sí mismo es un valor irrelevante e inconcluso; pero lo que tienes en grasa y músculo, dice quién eres en realidad.

















