Cada vez parece más complicado encontrar instantes que permitan intercambiar el estrés cotidiano por energía; cada vez son más quienes se sienten mal cuando no acuden a su entrenamiento habitual o simplemente no funcionan si no acceden a su dosis diaria de endorfinas. Para estos adictos al movimiento existe una opción que no requiere de excesivos metros cuadrados: el pádel.
Se trata de una práctica deportiva que luce similar al tenis por jugarse con la misma pelota, regirse con idéntica puntuación y forma de obtener el triunfo; evidentemente, tiene diferencias sustanciales no sólo por la raqueta o las dimensiones de la superficie, sino porque la mente de un padelista debe apropiarse de cualidades tenísticas que un jugador de squash no tiene, aunque al mismo tiempo, debe comprender los caprichos de una pared para utilizarla. La disciplina del pádel se juega dentro de cuatro paredes, con una raqueta de carbono y grafito más corta que la de squash y, en partidos oficiales, con otro compañero pues no existe la modalidad de “singles”.
Es una actividad física que fue creada en México y se desarrolló exponencialmente en España, Argentina y algunos otros países de América Latina.

Requisitos para disfrutarlo
Es un ejercicio aeróbico demandante por la velocidad a la que se juega, la precisión que requiere y el tiempo que puede extenderse un punto. Es fácil de aprender, sin importar que quien lo intente por vez primera nunca haya jugado otro deporte de raqueta.
La estatura siempre será una gran ayuda física, pero no existe una característica específica obligatoria. Jugar al pádel desarrollará explosividad en aquel que lo ejerza, buen arranque y colocación, forjará un instinto de competencia, paciencia, estrategia y seguridad; lo único en lo que hay que tener especial cuidado es en su alto riesgo de adicción.
La única manera en que se llegará a comprender todas las reglas y secretos que este deporte ofrece es practicarlo.
No es responsable otorgar una opinión si antes no se ha experimentado aquello de lo que se habla, por lo tanto, antes de externar cualquier comentario, favorable o no, sería atinado pisar una cancha de pádel, intercambiar saques, reveses, “dejaditas”, así como sentir la presencia del esfuerzo, olvidar el exterior y permitir que el intelecto aprenda, a través del ejercicio, algo nuevo.

Equipo necesario
El primer requisito es encontrar una cancha de pádel. Ésta, invariablemente, mide 10 metros de ancho por 20 metros de largo. La red, idéntica a la de tenis, cruza por la mitad, incluso los dos cuadros que sirven para delimitar la zona donde deberá botar la pelota tras el saque miden los mismo. El contraste esencial es que el rectángulo final se reduce y no existe una línea de fondo, más bien una pared que rodea la totalidad de la cancha, evita que la pelota salga e intensifica la velocidad a la que se disputan los puntos.

El grafito y la fibra de carbono son los materiales habituales para dar resistencia y ligereza a las raquetas. Las pelotas son las mismas que en el tenis y pueden encontrarse de distintas marcas en cualquier tienda deportiva. La ropa no tiene ninguna particularidad: short, playera, calcetas, tenis.
Organismo rector. La Federación Internacional de Pádel, con sede en Madrid, es el cuerpo máximo que rige este deporte. Cada país seguidor de esta disciplina cuenta con su Federación Nacional, pero todas deberán concordar con lo establecido por la FIP.

















