Se trata de un lugar, no una fecha. Para visitarlo, más vale hacerlo durante el verano en el hemisferio sur. El fin del mundo tiene un nombre, es capital de una provincia, pertenece a una región apasionante y recibe turistas que desean obtener el sello en su pasaporte de “la ciudad más austral del mundo”.
Ushuaia es un diminuto punto en el mapa que se ubica exageradamente al sur, tanto, que su fama y difusión turística recaen sobre ese hecho. Es capital de la provincia de la Tierra del Fuego, se encuentra en la célebre región de la Patagonia y es, en términos estrictos, la única población argentina que se encuentra del otro lado de los Andes.
Al aterrizar en este sitio se percibe una sensación de libertad inexplicable. Puede que sea la maravillosa vista que brindan las montañas nevadas circundantes, la amplitud del territorio libre de construcciones o la lejanía con una metrópoli tal y como se conoce.

Existen múltiples hoteles con servicios suficientes para recibir al viajero. Pequeños restaurantes que abren a horas específicas, en los cuales hay variedad de comida y bebida, incluso carne, aunque no tan rica como la que se ofrece en las regiones del norte, por lo que la opción número uno siempre será una caliente sopa de centolla.
Hay un sinfín de empresas que prestan el sagrado oficio de guías turísticos. No importa si planeas abordar un barco, lancha, catamarán o yate para surcar las agitadas aguas del canal interoceánico, tomar un tren rumbo a los parques nacionales o recorrer a pie alguno de los espléndidos glaciares, siempre hallarás guías entrenados para cada condición. La mayoría viven en otras ciudades durante el invierno y regresan en verano para mostrar la belleza de Ushuaia, ya que a mitad de año el frío es tan violento que merma las actividades cotidianas.
Aquí el tiempo camina a un ritmo diferente. Es improbable ver aglomeraciones, tumultos o señales de caos, pues no hay suficientes personas. En cambio, se puede visitar la tierra del Fuego para relajarse, pensar, olvidarse del ruido, o bien, encontrar aventura. El estar alejada, rodeada de cordilleras y relativamente cerca del Polo sur no quiere decir que la vida se detenga, al contrario, la magia e inspiración aparecen con mayor facilidad en estos ambientes.
EL FARO
Dicen que no es el más austral del planeta, pero aquel faro rojo del que muchas postales se alimentan se ha adjudicado el sobrenombre de “faro del fin del mundo”; y por él existen paseos exclusivos para visitarlo. En el trayecto es factible encontrar pequeñas islas con pingüinos o leones marinos que son un espectáculo aparte.

El tren del fin del mundo
La existencia de este tren es de gran importancia para la ciudad, en especial su desarrollo. Sí, es el más austral de la Tierra, pero sobre todo captura la atención de los visitantes por haber sido el “tren de los presos”. Lo construyeron los prisioneros y, en un primer momento, funcionó para trasladarlos desde la prisión hasta el campamento de tala de árboles. Es más, la ciudad nació porque a alguien se le ocurrió que un sitio tan agreste serviría como una excelente cárcel. Así fue como comenzaron a llegar los peores delincuentes. Años más tarde, la misma fuerza de trabajo y la necesidad de poblar la región para que nadie más la reclamara, provocaron que se fundara la ciudad. Los reos seguían siendo mayoría, después llegó uno que otro distraído para asentarse definitivamente ahí.
El recorrido no es largo. Son poco más de 12 kilómetros en los que se hacen pausas para disfrutar el paisaje: campos, bosques, laderas, ríos, cascadas… Las palabras quedan obsoletas contra tanta belleza. De hecho, hay un río en particular que cobra el nombre de un reo que intentó escapar arrojándose al agua; jamás se volvió a saber de Pipo.
Para conocer más sobre la historia y los servicios del ferrocarril visita: trendelfindelmundo.com.ar

Parque Nacional Tierra de Fuego
“Lenga, guindo y ñire”, repetía la guía cada cinco minutos con el afán de que los turistas a su cargo aprendieran qué es lo que conforma a ese hermoso bosque que de un lado es bordeado por la costa y del otro por la montaña. La caminata que se hace por este parque es extensa pero encantadora, pues el aire frío regala una sensación de pureza, libertad y tranquilidad; el paisaje contribuye a lo anterior.
En este sitio podrás practicar senderismo en terrenos llenos de belleza, o mejor, recorrer glaciares o explorar las montañas que lo enmarcan, eso sí, bajo la guía de un experto que conozca la zona. El agua la puedes aprovechar para remar; nunca para nadar.
A 17,848 metros de Alaska, Ushuaia debe estar en el recuerdo de cualquier viajero. Es un puerto obligatorio en la vida de quienes desean explorar el mundo y es imposible que defraude a un trotamundos. Por su ubicación casi mitológica es como si fuera la puerta de acceso a otro mundo, como si en lugar de ser el fin fuera el principio de algo mejor. Probablemente lo es.

OPINIÓN
La Patagonia, tanto del lado argentino como chileno, está repleta de glaciares. Unos son formados por el fío de la alta montaña, otros por los vientos helados que bajan de la Cordillera de los Andes, mientras otros son tan enormes y espectaculares que parece fueron labrados por una energía superior. Aquí no importa si se cree en alguna deidad o no, si se sigue una religión o se defiende alguna filosofía; estos territorios son más grandiosos que cualquier ideología.
Basta detenerse frente a estos hielos perpetuos para advertir la majestuosidad de la Tierra y lo que sea que la haya formado. Así que si estás próximo a planear un viaje, considera la Patagonia. En estos renglones se ha mencionado sólo una localidad, pero bien podrías elegir algunas adicionales para redondear tu visita al fin del mundo.

















